Reflexiones.
Después de viajar mucho, siento que el sol de España brilla más que en otros lugares. Y se nota en las fotos.
Kodak lanza nuevas pelis y no estoy precisamente contento. Te explico el porqué en esta crítica sincera a una situación que empieza a molestar.
La fotografía analógica me transporta a otro tiempo, donde la vida tenía otros ritmos y prioridades. A un mundo donde vale más una imagen bella y con un sentido personal que cien imágenes mediocres que cumplen su función, pero no dicen nada especial.
Cuando hacemos click, materializamos mediante una foto la relación tan especial que se establece con el mundo en el plano afectivo. Es la comunión entre Kronos: el tiempo del antes y el después y Aión: el tiempo del placer donde el reloj desaparece… y de ahí surge el momento del disparo, como un pliegue entre ambos tiempos, que los griegos llamaban Kairós.
Si hoy la IA nos rodea y mucho es hecho por máquinas y robots, ¡por qué no al menos ser nosotros los que decidamos cómo tomar una foto!
La Olympus OM-10 es la cámara que siempre recomiendo si me preguntan por una SLR para empezar en la fotografía analógica: es fidedigna, es fácil de usar, no es tan cara como algunos modelos Nikon o Canon más conocidos y ofrece muy buena calidad de imagen.
El aspecto psicológico de usar una cámara CHUZHAO, una digital diseñada como una Rolleiflex miniatura, que toma fotografías en formato cuadrado.


Abrí Lightroom, arrastré todo y empecé. Una por una, año tras año, clasificando hasta llegar a unas 500 fotos. Después, con ayuda de ojos externos, bajé la selección a 56. Un número medio arbitrario, pero que se sentía suficiente. Y ahí apareció la siguiente pregunta: ¿cómo se arma un fotolibro?