Reflexiones.
Para fotografiar los Pirineos, me pregunto si merece la pena subir una cámara de mediados de los años 70, que pesa 1 kg.
Álex Varas nos invita a acompañarle en sus viajes en coche, con el maletero cargado de cámaras, y nos contagia su pasión por la película en un día tan señalado como el Día Mundial de la Fotografía.
Un día, decidí que las daría a conocer. A día de hoy son casi 300 piezas y forman una parte muy importante de la Historia. Merecen ser conocidas. Así que, si Mahoma no va a la montaña…Pues vídeos de tres minutos en Instagram. En ese breve espacio de tiempo, tengo que explicar lo esencial, lo chocante, lo anecdótico, lo histórico y lo característico de cada una de ellas para presentarlas en sociedad. Solo les quiero hacer un homenaje.
Al digitalizar mis carretes, descubrí que estaba realizando un auténtico acto fotográfico, pues digitalizar cada encuadre, cada disparo de la película negativa, es tomar una fotografía del mismo negativo.
Cuando viajo, siento que con estas fotografías se crean souvenirs originales y muy personales de los sitios por donde he estado y que más me han gustado. Son recuerdos únicos y creados por mí misma. Y, aunque la fotografía no salga perfectamente encuadrada o completamente enfocada, realmente no me importa mucho.
Abrí Lightroom, arrastré todo y empecé. Una por una, año tras año, clasificando hasta llegar a unas 500 fotos. Después, con ayuda de ojos externos, bajé la selección a 56. Un número medio arbitrario, pero que se sentía suficiente. Y ahí apareció la siguiente pregunta: ¿cómo se arma un fotolibro?
Después de viajar mucho, siento que el sol de España brilla más que en otros lugares. Y se nota en las fotos.


El segundo episodio de Diarios del Pirineo comienza justo después de comer y de recoger la tienda de campaña. Si recordáis, el día había amanecido muy encapotado, pero poco a poco las nubes estaban dejando paso al cielo azul.