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Exposición “Una fracción”,por Darío Urzay


Ciudad: Zarautz

Provincia: Gipuzkoa

Lugar: Photomuseum - Argazki & Zinema Museoa (San Inazio Kalea11, Zarautz, Gipuzkoa)

Horario: Martes a domingo:10:00–14:00, 17:00–20:00

Web: www.photomuseum.es

Hace treinta años, Camerastrokes fue el título de su primera muestra en el Photomuseum. Tres décadas después, aquel tiempo parece haberse contraído hasta la dimensión de un instante.

La exposición reúne materiales vinculados a tres generaciones unidas por un mismo nombre: abuelo, padre e hijo.

En 1958 una figura comienza a desvanecerse y otra empieza a aparecer. Entre ambas queda un breve fundido encadenado.

La exposición parte de un archivo de 2.500 negativos realizado por el padre durante más de medio siglo. De ese conjunto, el artista ha seleccionado imágenes anteriores a su nacimiento relacionadas con la navegación: puertos, cubiertas, barcos, travesías y escenas donde el acto de navegar aparece desplazado, reducido o imaginado.

De la vida marítima del abuelo no se conserva ninguna fotografía. Su presencia ha llegado a través de relatos contados al padre y transmitidos después al hijo como imágenes mentales. La exposición se construye sobre dos ausencias entrelazadas: la del abuelo, sostenida por la narración, y la del padre, inscrita en un extenso archivo fotográfico.

Junto a las fotografías originales aparecen otras imágenes vinculadas a ese vacío: camarotes, horizontes borrados por la niebla, estelas vistas desde popa y espacios de navegación que no proceden directamente del archivo, sino de una memoria reconstruida. Algunas permanecen en negativo sobre imprimaciones de rojo de cadmio vinculadas al trabajo desarrollado por el padre décadas atrás: apariciones bajo luz roja de cuarto de revelado. Otras aparecen ya positivadas. Entre unas y otras se despliega un territorio donde fotografía, memoria e imaginación dejan de ocupar posiciones estables.

Los camerastrokes constituyen otra forma de aparición. El movimiento del cuerpo que sostiene hoy la cámara se superpone a fotografías realizadas décadas atrás por otro cuerpo ya ausente. La imagen incorpora entonces una doble inscripción: la huella de quien estuvo allí y la de quien vuelve a mirar. En ese cruce, la mirada deja de ser solo óptica y adquiere una dimensión corporal, casi autográfica.

El archivo familiar deja así de funcionar únicamente como recuerdo. Las imágenes comienzan a comportarse como presencias inestables transmitidas entre generaciones. No fijan el pasado ni lo sustituyen por una ficción cerrada. Lo mantienen en tránsito, desplazándose entre documento, memoria y reconstrucción.


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