Partiendo del relato de H. P. Lovecraft sobre una conciencia desplazada a través de los eones, la exposición replantea la sombra no como monstruo, sino como la señal tenue de un mundo desaparecido: una realidad paralela o línea temporal donde un espacio se desvaneció en otro tiempo o lugar.
Cada obra representa el resplandor residual de la ausencia. En palabras del artista, cada objeto funciona como receptor, un dispositivo de sintonización.