La exposición reúne una serie de objetos y espacios psicológicamente ambiguos. Vacíos, pero cargados de historia, conservan la huella de quienes los habitaron. Un confesionario, un palco de teatro o una cama de hospital aparecen como escenarios donde se desplegaron experiencias humanas complejas: culpa y absolución, intimidad y espectáculo, nacimiento y muerte.
La obra cuestiona si estos lugares son fondo o agentes activos. La ausencia se convierte en un espacio que el espectador completa.