Mundāre explora el linaje femenino de tres generaciones de mujeres de mi familia materna partiendo del cultivo del azafrán. El proyecto nace de un gesto mínimo: mondar la flor. Abrir, separar y limpiar sus tres estigmas rojos. A partir de este movimiento ínfimo y repetido se despliega una indagación sobre cómo el género, la clase y el territorio se heredan en lo íntimo: en los cuerpos inclinados, en los silencios transmitidos, en los gestos que pesan.