En febrero de 1976, Barcelona vivió dos movilizaciones históricas que desafiaron abiertamente a la dictadura y marcaron un punto de inflexión en la lucha por la amnistía, las libertades y el autogobierno. La resistencia popular, reprimida con brutalidad por los grises, se convirtió en símbolo de fuerza colectiva y situó a la ciudad en el centro de la atención internacional.