Una reflexión sobre cómo percibimos el mundo que nos rodea, condicionados por nuestra propia morfología visual. Los ojos humanos, dispuestos horizontalmente, determinan un campo de visión de entre 250 y 270 grados, en el eje vertical, el campo visual se reduce hasta los 130 grados aproximadamente. Ante una imagen vertical, la percepción no es global sino fragmentada: la recorremos progresivamente, a tramos, a ojos. No podemos abarcar simultáneamente la parte superior y la inferior con plena nitidez