Verde por fuera, blanco y negro por dentro. Madeira

Cuatro días, cinco carretes, una Leica MP y un clima perfecto.


Me llamo Pablo, fotógrafo entusiasta de los pies a la cabeza. Llevo años disparando en pelicula y revelando en casa. Kodak Eastman Double X es una de mis películas favoritas, pero no la que uso siempre: tiene unos negros profundos y unos blancos muy atractivos que solo aparecen cuando las condiciones luminosas acompañan. Demasiado sol y las luces se van. En Andalucía, donde vivo, eso no pasa con frecuencia. Así que la Double X se queda muchas veces guardada y espera.

Cuando mi pareja y yo empezamos a planear cuatro días en Madeira, lo primero que pensé fue: esta es su oportunidad. Clima atlántico, nubes constantes, nieblas que bajan de las montañas. Luz que envuelve en lugar de golpear. Me llevé los cinco últimos carretes que me quedaban, bobinados por mí a 30 exposiciones, y una Leica MP con el 35mm. Tenía que ir ligero, no podia llevar más.


Un viaje de pareja, no una expedición

Esto importa y lo digo desde el principio: era un viaje de novios. Eso cambia el ritmo de todo. No puedes quedarte esperando que la luz cambie. No puedes desviar la ruta porque has visto algo interesante a 300 metros. Disparas lo que ves cuando lo ves, con lo que llevas encima, y ya está. Y en estas situaciones, lo mejor es una cámara ligera que te acompañe siempre sin que notes que la llevas.

Lo que sí pudimos hacer fue planear bien las rutas. Organizamos los cuatro días para tener una o dos caminatas al día: el Pico do Arieiro, las 20 Fontes, el Fanal. Madeira se ha puesto de moda y hay mucha gente en los senderos, pero los paisajes aguantan el peso sin problema.


Por qué blanco y negro donde todo pide color

La pregunta obvia: Madeira es verde, húmeda, tropical. ¿Por qué no color?

Cuando voy a hacer fotos, mi prioridad es generar historias y emociones y para mí, eso lo consigo más fácilmente en blanco y negro, y porque la Double X en luz difusa hace algo que ninguna otra película hace igual para mí. Revelada en Xtol y expuesta a 400, da una gradación y una textura que el color no me habría dado. Los árboles enormes, las cascadas, las rocas mojadas: todo gana con ese contraste limpio y ese grano que aparece donde tiene que aparecer.

Que tienta el color, no lo voy a negar. Pero Madeira con Double X resultó ser exactamente lo que esperaba, y eso no pasa siempre.


El Fanal: el sitio que más tiempo merece para los fotógrafos

Subimos al Fanal en coche de alquiler, al final de un día que ya llevaba seis horas de ruta encima. Un bosque de arboles a más de 1.000 metros, con árboles retorcidos y cubiertos de musgo que emergen de una niebla tan densa que a veces no ves más allá de unos metros.

Llegamos agotados y con poca luz. Es el sitio del que me fui con más ganas de volver, con más tiempo y sin las piernas destrozadas. Aún así, es de donde salen algunas de mis fotos favoritas del viaje.


Disparar sin plan

Una de las cosas buenas de ir con un solo cuerpo y un solo objetivo es que dejas de pensar en el equipo. La decisión ya está tomada. Lo que queda es mirar.

En las cascadas me encontré con escenas que en color serían postales y en blanco y negro se convierten en algo más físico. El agua, la roca, la piel. La película recoge el brillo del agua mojada de una manera muy particular, con esos blancos que casi duelen y las sombras que no se rompen.

Cinco carretes en cuatro días

Los gasté todos. Eso no siempre pasa. Cuando voy a un sitio nuevo con la cámara al cuello, hay días en que no disparo casi nada porque no encuentro lo que busco. En Madeira no: el paisaje era constante y siempre había algo delante del objetivo.

Eché de menos el formato medio, especialmente por los árboles enormes que me recordaban a América. Pero con otra cámara esto no habría sido un viaje de pareja. Eso no era lo que tocaba.

Conclusión

Hay fotos que salen bien por suerte. Y hay fotos que salen bien porque se alinearon varias cosas a la vez: una luz especial, el lugar adecuado, la película adecuada y un revelado bien planeado. En analógico eso no pasa siempre, y cuando pasa, lo notas. Madeira fue uno de esos momentos: luz difusa que una película especial sabe aprovechar, paisajes con textura y contraste natural, y un Xtol que hizo su trabajo sin sorpresas.

No es magia. Es que a veces los dioses analógicos se alinean.

Pablo Ledesma

Fotógrafo analógico documental basado en Estepona. Dispara en película, revela en casa y se lo pasa bien en YouTube.


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