Film swap internacional: uniendo la mirada de dos desconocidos
Mi primer contacto con el film swap fue en un taller de fotografía que hice en una tienda de Madrid llamada Cuarto Color. Esta técnica de fotografía analógica consiste en que dos personas disparen el mismo carrete y creen dobles exposiciones en una misma película. Puede sonar un poco complejo, pero en realidad es muy sencillo: una persona dispara primero un carrete en su cámara, lo rebobina y otra persona vuelve a dispararlo; el resultado final combina imágenes de las dos exposiciones.
Los resultados del taller me gustaron tanto que quise explorar un poco más este concepto y, después de investigar un poco, descubrí en Instagram una página de film swap internacional. Además de proporcionar esa mezcla de fotografías de dos personas distintas, esta iniciativa añade el factor de que la otra persona es desconocida y que también puede ser de otro país. ¿Cómo funciona? Los interesados se apuntan y se crean parejas para el intercambio. Envías un carrete disparado y recibes otro; más tarde revelas el carrete que recibas después de dispararlo, la otra persona revela el que le mandes y, al final del proceso, se intercambian las fotos.
Yo tenía preferencia por alguien en Europa para facilitar el envío y tuve la suerte de que me escribió un chico desde Lisboa para hacer un intercambio Portugal-España. Como ambos habíamos hecho film swap anteriormente, acordamos un par de cosas antes de empezar a disparar:
Marcar el inicio de la película con un rotulador. Esto permite que la segunda persona sepa exactamente dónde está el primer fotograma a la hora de cargar la película en su cámara. Así, nos intentamos asegurar de que las dos exposiciones encajen en un mismo fotograma.
Subexponer el carrete. Seleccionar en la cámara un ISO superior al ISO del carrete de forma a equilibrar la exposición y evitar sobreexponerlo, ya que la película se expondrá dos veces. Por ejemplo, si el carrete es de ISO 400, se selecciona ISO 800 en la cámara.
Hay quien prefiera acordar previamente lo que cada uno va a fotografiar para obtener un resultado específico. Pero ese no fue nuestro caso. ¡Decidimos que cada uno fotografiara lo que le apeteciera para ser lo más experimental e impredecible posible!
Ambos usamos cámaras SLR: yo la Olympus OM-10 y él la Yashica FX-D. Y elegimos carretes de color Kodak: ColorPlus 200 y Gold 200.
En general, conseguimos que las dos exposiciones encajaran en un mismo fotograma. Esto a veces no ocurre (si se usan cámaras de distinto tipo, por ejemplo, uno usa una SLR y otro una point and shoot) y salen varias exposiciones seguidas a lo largo de toda la película. Esto no nos pasó, pero también le daría un cierto encanto a las fotografías, ya que estamos hablando de una técnica muy experimental.
Por un lado, y de forma inesperada, obtuvimos dobles exposiciones que cuadraron muy bien a nivel de temáticas. Parecía que, sin hablarlo ni planificarlo, habíamos conseguido que dos escenas tuvieran sentido juntas.
Por otro lado, se creó un gran contraste en algunas fotografías, justo por mezclar temáticas totalmente distintas. Esa es también la magia del film swap: sorprenderte con los resultados más inesperados.
Estar en países vecinos facilitó la logística y permitió que el proceso de intercambio fuera rápido. Y, como ambos teníamos muchas ganas de ver qué saldría de esta experiencia, no tardamos mucho en intercambiar los carretes y revelarlos.
No solo he disfrutado del proceso creativo, sino que también he sentido de forma más intensa ese efecto sorpresa de cuando recibes el revelado de tus fotografías, ya que el resultado no solo dependía de mí y no sabía lo que la otra persona había fotografiado. Pero he dado con alguien que se lo tomó con una visión parecida y le puso mucho interés.
Y, sin haberlo hablado, hemos conseguido una especie de autorretrato entre tantas fotografías, ¿lo encuentras?

