Ciudad: Andoain
Provincia: Gipuzkoa
Horario: lunes a viernes 11:00 - 14:00 /17:00 - 20:00h.
Lugar: Galería Vilaseco (Padre Feijoó 5-1º. 15004 A Coruña.)
Campano siempre ha seguido la pista de lo que él llama “la ciudad gráfica”; las letras, los números y los letreros que conforman una segunda piel urbana en la que no todo el mundo repara. Y en esa otra piel, el antiguo cartelismo de los cines configura un Olimpo único. Los carteles de las fachadas de los cines eran gigantes del arte efímero que reclamaban en plena calle un mundo de héroes y aventuras, de tragedias y fantasías. Las estrellas de Hollywood, a veces irreconocibles, estaban ahí, apuntando a los transeúntes desde esas atalayas callejeras que poco a poco se fueron plegando y olvidando. Los cines de Última sesión nos hicieron felices y recuperarlos en este libro, diseñado por Bruno Lara para This Side Up, la editorial que dirige junto a Cecilia Gandarias, nos abre otra vez el telón de nuestra imaginación.
La idea de hacer una exposición con el material reunido en este libro le da una nueva dimensión a un proyecto que planteamos desde la admiración por la obra de Campano. También por amor al cine y a las calles en las que tanto hemos vivido. Suele ser al revés: hacer un libro como epígono de una exposición. Pero en este caso, y gracias a la visión de Miriam Vilaseco y a la siempre atenta complicidad de Pilar Lapastora, compañera y mano derecha de Campano, el viaje es el contrario.
En el libro, también han colaborado con textos inolvidables los cineastas Juan Cavestany y Juan Antonio Bayona. “Yo no sabía que recordaba estas imágenes perfectamente. Por los pelos no estoy pasando en ese momento por delante de los carteles de Tiburón 3, Herbie, Rojos, En el estanque dorado o Fuga de Alcatraz. Caras fragmentadas de vecinos imposibles, muy parecidos a actores, asomándose a las calles del centro y del barrio que pateaba Campano”, escribe Cavestany. Bayona rinde, por su parte, un tributo a su padre, pintor de carteles de películas: “Imagino su mano, manejando el pincel, trazando un destino que no era el suyo. No fue un pintor reconocido. No colgó en museos. Pero fue el artista más influyente de mi carrera. Y en sus murales encuentro algo más importante que la fama: un puente. Un trazo. Un sueño que no murió. Sólo cambió de manos”.

