Skin Fields, de Àlex Domènech, llega a la Sala Kursala con una exposición que cruza cuerpos, paisajes y silencios para hablar de deseo, refugio y resistencia. Un proyecto que nace de lo vivido y pone el foco en esos espacios íntimos que sobreviven cuando el exterior se vuelve hostil.
Retratos y escenas privadas conviven con territorios marcados por la guerra, la religión o la persecución, recordándonos que la piel se eriza igual en Barcelona que en Beirut.