“Siempre negativo”

Para mí es extraño comenzar este artículo con una anécdota del mundo del fútbol, pero con el blog de Disparafilm empieza a ocurrirme que va todo “de mis primeras veces”.  En los años finales de la década de los noventa, cuando la fotografía analógica aún era un best seller oficial, salía por televisión un señor de Holanda, entrenador de algo más que un club, que a la mayoría nos impactó al proferir esta gran expresión: ¡Tú siempre negativo! ¡Nunca positivo! (léase con acento extraño marcando fuerte las “V”).

La expresión de este ilustre entrenador me ha venido dando vueltas por los vericuetos de mi cabeza a la hora de montar el proyecto que os traigo hoy, y que dio lugar a una exposición en la sede de mi asociación, AFOGRA. Un proyecto que ha surgido por azar, atrayéndome desde la más pura fascinación hacía lo que es, para mí, el máximo emblema de lo analógico: el negativo.

Desde hace tres años, intento escapar del ordenador y de las pantallas, a las que estoy atado todo el día, ya por trabajo, ya por mera distracción vacía, y que me agotan, aburren, hastían. Por eso, y por curiosidad, me sumergí en la fotografía analógica.

Sin embargo, no es fácil prescindir del digital. No es una misión imposible. Pero, al final, en los tiempos que corren solo te comunicas y compartes tu trabajo fotográfico a través de la red o, más bien, las redes sociales. Si quieres compartir lo que haces, ya con todo el mundo ya con los más allegados, tienes que volver inevitablemente al mundo digital.

Una de las formas de digitalizar una foto tomada con una cámara analógica es la de digitalizar el propio negativo, para aplicar luego unos ajustes en el ordenador y obtener así la imagen positiva.

Como bien sabéis los lectores de este blog, este proceso de digitalización se puede hacer de dos formas; o bien con un escáner, o bien usando una cámara fotográfica y un objetivo que te permita acercarte mucho a la película para captar todo el encuadre de cada negativo que hay en la película revelada.

Yo opté por este último sistema. En su ejecución, al digitalizar mis carretes, descubrí que estaba realizando un auténtico acto fotográfico, pues digitalizar cada encuadre, cada disparo de la película negativa, es tomar una fotografía del mismo negativo.

A partir de ahí, el negativo ha cobrado, para mí, un gran interés como objeto fotográfico:

Una película en negativo tiene textura. Presenta mayor o menor grano en su superficie, y más o menos contraste, según lo hayas forzado, o no, al exponer, según el revelador empleado, la temperatura de los líquidos y la intensidad de las agitaciones del tanque de revelado. Cada revelado es único.

Los colores en una película a color, y la intensidad de los grises en una película en blanco y negro, son característicos de cada película empleada. A su vez, se modifican por el tono de la luz de lo que se fotografía. Y, si una película está caducada también tiene unas características propias ideales para experimentar, pues la película original ha ido perdiendo cualidades de un modo especial.

Cada negativo fotografiado es por este motivo único.

En este proceso creativo, observé que algunos negativos no solo aspiraban a ser positivados y revelar la imagen que capté con la cámara analógica y se imprimió con luz en la película. Al fotografiar una superficie de sales de plata aparece una imagen que, también, puede estar al servicio de una narración, transmitir sensaciones o, simplemente, formular una propuesta estética al contener una imagen abstracta que despierta interés.

Al mismo tiempo el negativo, en cuanto que no se ha positivado, siempre estará inevitablemente llamado a ser algo más, pues es inseparable de la fotografía que está llamado a ser. Por eso, la fotografía del negativo no solo es fotografía, sino algo más. Es un misterio pendiente de ser “revelado” al espectador, que desconoce la imagen primigenia de esta fotografía, una imagen final que por una decisión creativa ya no lo será.

En definitiva, el proyecto que comparto es un homenaje a la fotografía analógica y a su máxima expresión, su tótem: el negativo, haciendo de él algo que merece ser fotografiado.

Y por este motivo: ¡Siempre negativo!

Fermín Vazquez

Fotógrafo aficionado con pretensiones que quiere volver a disfrutar como un niño de su afición. Aprendiz nivel básico de la fotografía analógica, y aprendiz nivel medio de todo lo demás. Sin prisa y sin pausa encontraré mi proyecto fotográfico, o no, en estos tiempos de la instantaneidad.

@ferminchovazquez en Instagram, y mi página web www.ferminvazquez.es (por actualizar a fecha de hoy)

https://www.instagram.com/ferminchovazquez/
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