Sant Jordi en analógico
Fotografiando la esencia, el color y la tradición en las calles de Tarragona
Las calles de Tarragona y de casi todas las ciudades de Cataluña se convierten cada 23 de abril en un escenario único en el que para muchos es el día más bonito del año. El día de Sant Jordi no solo llena plazas y avenidas de libros y rosas, también transforma la ciudad en una explosión de color, movimiento y sensibilidad visual. Entre la multitud, tres fotógrafas decidieron abrazar el reto desde una mirada distinta. Disparando en analógico, sin prisas digitales, dejando espacio al error, a la intuición y a la espera.
El equipo formado por Maite Blasco, Weili Chen y Marta Arjona salió a las calles con cámaras cargadas de película y una idea clara, capturar la sensibilidad de Sant Jordi más allá de la postal habitual. Junto a ellas, la modelo y bailarina Rut Mateu convirtió cada rincón en una pequeña coreografía improvisada entre la gente, los puestos de flores y la luz cambiante de la mañana.
Trabajar en analógico durante Sant Jordi un reto. No hay posibilidad de revisar la imagen al instante, ni de repetir constantemente una toma. Cada fotografía exige paciencia, observación y una conexión casi física con el entorno. Entre empujones suaves, conversaciones cruzadas y el ruido constante de la ciudad celebrando, el equipo buscó pequeños instantes de calma visual. Rut interactuando con los puestos de ONCE Tarragona e INUSE, o haciéndolo con los elementos de cultura popular que vestían la ciudad. Todo esto capturado por la esencia de la Hasselblad 500C/M y la Olympus OM10 de Maite Blasco, que buscaba transmitir el mensaje de ese día tan especial para los catalanes y a su vez, encontrar belleza en medio de la saturación visual de la ciudad abarrotada. Pero una vez cámara en mano, la ciudad se detenía y solo importaba LA foto.
Por su parte, la experiencia compartida entre Weili Chen y Marta Arjona desde el universo Film Swap aportó una mirada muy ligada al movimiento y a la danza. No se trataba únicamente de retratar a una modelo entre rosas y libros, sino de encontrar cómo el cuerpo dialogaba con el espacio urbano y con la energía colectiva de Sant Jordi y haciéndolo a través del azar. Como las tomas previamente captadas por Arjona en el estudio se superponían creando un discurso mágico con la mirada de Chen que a su vez, vivía su primer Sant Jordi “a la catalana”.
A su vez, Arjona nos sorprendía fusionando danza y Sant Jordi en el formato 110.
Maite Blasco llevó al proyecto su experiencia en fotografía editorial y de moda, buscando composiciones capaces de convivir con el caos sin perder elegancia visual. El reto estaba precisamente ahí: encontrar belleza en medio de la saturación visual de una ciudad abarrotada.
El resultado final de esta unión de miradas no habla solo de Sant Jordi. Habla de observar despacio en una época acelerada. De aceptar la imperfección. De entender la fotografía analógica como una forma de sensibilidad y no únicamente como una técnica. Y sobre todo, de cómo una ciudad como Tarragona puede transformarse durante unas horas, en un escenario vivo donde el color, la emoción y el movimiento suceden al mismo tiempo.

