Entre muros de nieve: fotografiando una Sierra Nevada excepcional

Esta temporada ha sido espectacular en lo que a precipitaciones de nieve se refiere en el macizo de Sierra Nevada. Los continuos frentes que han ido llegando han dejado abundantes e intensas nevadas. Hacía ya varios lustros que no caía tanta nieve y, además, durante la primavera también se han producido varias nevadas. Esto ha hecho que, en pleno mes de mayo, siga habiendo una gran cantidad de nieve acumulada.

La carretera que sube hasta el Veleta ha permanecido cerrada hasta que, el pasado día 14, los empleados de la estación de esquí tuvieron que abrir paso para que el personal de Cetursa pudiera subir a realizar las tareas de mantenimiento de los remontes, además de facilitar al Servicio de Montaña de la Guardia Civil el acceso a las altas cumbres en caso de tener que acudir a algún rescate.

Con distintas máquinas han ido retirando la nieve acumulada hasta llegar al asfalto, dejando unas espectaculares paredes de nieve de cerca de siete metros de altura en algunos puntos del Ventisquero de Cauchiles, a 2.850 metros de altitud. Esto ha atraído a gran cantidad de excursionistas y, cómo no, en cuanto vi las imágenes de estas paredes me propuse subir. Es algo que puede que no vuelva a producirse en años.

Por mi trabajo, he subido mucho a Sierra Nevada durante el verano y, en estos últimos años, apenas se veían neveros. Tenía claro, cuando decidí subir, qué equipo iba a llevar. Nada de digital (aunque me llevé una Sony RX100 Mk IV): mi Hasselblad 500CM con el Planar 80 y un Sonnar 250. Como película, elegí unos rollos de Ilford Pan F+ que tenía en el congelador. También llevé una Rollei 35RF con un Summilux 50 y un carrete de Agfapan 25 caducado en 1995. Este todavía no lo he revelado; aún no sé cómo hacerlo. Se aceptan sugerencias: tengo Rodinal, HC-110 y Adox Atomal 49.

Para llegar hasta el Ventisquero de Cauchiles hay que subir hasta la Hoya de la Mora, a 2.500 metros sobre el nivel del mar. Allí hay aparcamiento para los vehículos y, a partir de ese punto, una subida de aproximadamente una hora hasta alcanzar los 2.850 metros. Cuando llegas, te sorprende el espectáculo. No es lo mismo verlo en fotografías que en persona.

Las paredes apenas tienen unos 100 metros de longitud, pero a cada paso encuentras una fotografía distinta. Además, al estar en curva, resulta más fácil encontrar encuadres variados. Solo hay un problema: la cantidad de gente que se para a hacerse selfis, por lo que tienes que esperar a que se retiren para poder fotografiar con tranquilidad.

Al final expuse tres rollos de 120 y el carrete de 35 mm de Agfapan 25. En algunas fotografías utilicé un filtro rojo de Hasselblad y, cuando he visto los resultados, he pensado que no debería haberlo quitado. El contraste que proporciona con esta película y en estas condiciones es magnífico. De hecho, hay dos fotos que son el mismo encuadre, pero una con el filtro rojo y la otra sin el filtro.

Probablemente vuelva a subir en unos días para repetir algunas fotografías e intentar ascender un poco más para ver cómo está la nieve. Al día siguiente, revelé los carretes (me dio la vena digital de la inmediatez) con Adox Atomal 49 a dilución 1+2. Me costó encontrar los tiempos de revelado y, al final, la IA me sugirió 16 minutos para esa dilución. Creo que me quedé algo corto; un par de minutos más le habrían venido muy bien.

Mientras los negativos se secaban, me acordé de que un amigo se había comprado el Valoi Easy120 y se lo pedí prestado. Ahora me he creado una necesidad más...

Las fotografías están digitalizadas con una Canon 5D Mk IV y el EF 100 mm Macro «normalito», no la versión IS, y a un solo disparo por fotograma. Si vuelvo a pedirle el Valoi, haré al menos dos disparos por fotografía para poder exprimir mejor la calidad de la película.

Si podéis venir y subir a verlo, no os arrepentiréis. Es una de esas cosas que hay que ver cuando se da la circunstancia. Eso sí: llevad un buen sombrero, crema solar por un tubo, pantalón largo y manga larga. El sol pega de lo lindo a esas alturas y, por supuesto, es imprescindible llevar un calzado adecuado.

Más allá de las fotografías, lo que realmente me llevé de esta excursión fue la sensación de estar contemplando algo extraordinario y difícilmente repetible. Estamos acostumbrados a ver Sierra Nevada con cada vez menos nieve, por lo que encontrarse en mayo con estas enormes paredes blancas resulta casi irreal. Como fotógrafo, pocas cosas hay más gratificantes que poder documentar un paisaje tan excepcional; como amante de la sierra, queda la satisfacción de haber sido testigo de una temporada que, con toda probabilidad, será recordada durante muchos años.

Alfredo Aguilar

Fotoperiodista desde 1986 hasta 2023 y a partir del 2024 viviendo la vida analógica.

https://www.instagram.com/alfredo.aguilarrubio/
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