Entrevista a la fotógrafa Estela de Castro
Hoy, en el Día Mundial de la Fotografía, os traemos una entrevista con la gran fotógrafa española Estela de Castro. Hemos tenido el gusto de entrevistarla en FUJIKINA 2026, el evento organizado por Fujifilm en Madrid hace ya algunos meses (que nos brindó la posibilidad de realizar esta charla con ella), donde nos compartió cómo nacen sus proyectos, su activismo y su forma de ver y hacer fotografía.
En el fotoperiodismo existen bastantes imágenes crudas, que juegan con el sensacionalismo y, por otro lado, existen las fotografías de Estela, que nos cuentan una realidad de sufrimiento con una belleza única. La fotografía como un altavoz de denuncia para quienes no tienen voz. Al ver estos proyectos que te sacuden por dentro, algo cambia en tu conciencia. Quizás Estela no pueda cambiar el mundo, pero sí el de quienes fotografía y ayuda.
En esta entrevista, que fue tan profunda como interesante, indagamos en el mundo y visión de una de las grandes fotógrafas españolas que, lejos de conformarse, sigue haciendo activismo y usando su arte como arma para ello.
© Estela de Castro
“Mis proyectos siempre nacen de una pequeña historia que luego se va convirtiendo en una gran historia”
Hay algo muy transversal en tu trabajo: la sensibilidad, la empatía y el retrato. ¿Cómo unes todo eso para formar tu identidad visual?
Cuando decidí que iba a ser fotógrafa, con 12 años, empecé a hacer fotos y, a la vez, activismo. Pero no fue hasta 2017 cuando uní la fotografía con el activismo gracias a Capital Animal, un proyecto de Rafael Doctor sobre distintas miradas hacia los animales, donde me asignaron la parte de denuncia.
Decidí que iba a ir al zoo, porque de pequeña me dijeron que allí los animales eran felices, y luego te das cuenta de que no son felices encerrados. Estuve 3 años, iba cada vez que estaba nublado, porque necesitaba esa luz.
A la vez, vi en el telediario un bombardeo de un hospital en Siria, la imagen de unos bebés en el suelo, en una mantita, porque sus incubadoras se habían destruido. Esa imagen me hizo reaccionar: “tengo que hacer algo”. Entendí que la fotografía no solo servía para hablar de mi dolor personal, de la enfermedad de mi hermano, sino también del dolor que hay fuera; un altavoz contra esas violencias para generar cambios o generar dinero para poder ayudar a esas personas y animales.
Entonces también es generar conciencia. En tu proyecto 52.760 no llegaste con una mirada eurocentrista, sino que hubo una interacción mucho más humana: querer ver lo que esas personas fotografían con esas cámaras desechables. Por otro lado, debe haber sido complejo evidenciar a las personas que ya no están, mostrar a quienes no lograron llegar…
Ese es el número, las personas que ya no están. Cuando participaron en ese proyecto y les di una cámara desechable, se sentían parte de algo y que su dolor importaba: no iba yo con mi visión europea a fotografiarlos. Entendí que la fotografía era mucho más allá que hablar de mi problema, o de la belleza. La fotografía servía como un medio no solo de expresión, sino también para hacer activismo de denuncia. Por un lado, la fotografía, y las ideas, por otro. Pero, es que tiene mucho más sentido juntarlas.
Phes “Fotografía Española Solidaria” nace como una exposición donde los fotógrafos que he retratado donan una obra. Los volví a juntar en un momento en el que mucha gente ponía la atención en el Mediterráneo o en la guerra de Siria y querían ayudar, pero no sabían cómo. Los mejores fotógrafos de España donaron piezas grandes y enmarcadas. Como el presupuesto era cero, debían ser obras ya producidas. Se vendieron a mitad de precio para que el arte fuera accesible y todo el dinero se donó íntegramente. A pesar de empezar sin dinero, teníamos ganas de cambiar el mundo. Fue un super éxito con mucha repercusión en medios.
Mandábamos dinero a quince proyectos en Grecia, Turquía, Siria y España, incluyendo un santuario de animales en Siria que también ayudaba a personas o proyectos en el Mediterráneo como el de un chico que compró un barco en un crowdfunding para rescatar personas. La gente no había reparado en que los animales en países de conflicto son abandonados, mueren de hambre, es muy fuerte lo que pasa con ellos, hay que tenerlos en cuenta.
En un campo de refugiados en Grecia hacían talleres con personas de Siria, Afganistán, Irak, Palestina, de diferentes países. Se nos ocurrió viajar allí y llevarles la fotografía como herramienta, no les decíamos qué hacer, solo les dábamos la cámara para que contaran lo que quisieran. Hablé con Fujifilm para llevar las cámaras desechables a los proyectos que habíamos ayudado. Fue muy bonito, nos dieron todas las cámaras desechables, cámaras Instax, cargas, papel, luego hicieron una exposición donde habían positivado todo. Entonces, a pesar que no podíamos ir porque estaban bombardeando Turquía, queríamos enviar las cámaras, pero existía la posibilidad que no volvieran, y Fuji nos preguntaba qué necesitábamos y que no pasaba nada si no volvían. Fue alucinante que una marca que no me conocía, fuera así.
© Estela de Castro
Con la cámara Instax, hacíamos un retrato de esa familia de la niña, entonces lo pegamos en un cuaderno y al lado ellos en su idioma escribían lo que querían. Escaneé parte de ese libro hecho a mano, junto a las fotografías de las cámaras desechables y los retratos para ponerles rostro. Para mí, es de los libros más bonitos del mundo.
Para ponerle título a esta parte del proyecto, en el que ellos retratan y dije: “tiene que ser la cifra de las personas que han muerto intentando llegar a Europa”, no se sabe el número exacto de la gente que muere en el Mediterráneo, pero esa gente se contabiliza. Al principio el libro se llamó 33.283, y esta cifra cada vez va subiendo, según estamos hablando, está muriendo más gente. El proyecto va cambiando de nombre, porque las muertes no se frenan.
¿Qué criterio sigues para discernir cuándo disparar en analógico y cuándo en digital?
Vengo del analógico cuando no existía el digital, entonces claro, durante años en analógico sí o sí, aunque me compré una digital, yo seguía siempre trabajando en analógico.
A pesar de que se dice que como que el digital no es más accesible o es más rápido…
Mi trabajo de los fotógrafos, por ejemplo, que llevo 14 años retratando a los grandes maestros de la fotografía española, ese trabajo es en analógico, porque, además, quiero que dentro de 100 años se hable de los grandes maestros de la fotografía del siglo XXI y que esos negativos estén ahí, que alguien los conserve es más fácil así. Los archivos digitales se van a ir perdiendo.
Con respecto a retratar a un fotógrafo, ¿qué ocurre en esa situación de retratar a alguien que está acostumbrado a estar detrás de la cámara? ¿Cuáles son las principales dificultades con las que te has enfrentado?, y ¿cómo has logrado solucionar esas situaciones?
Pues es que en realidad es más fácil retratar a fotógrafos, porque, como precisamente han hecho retratos, entienden muy bien tu trabajo, respetan que elijas ese rincón y no ese, que elijas esa luz y no es esa ¿sabes?, no es más difícil retratar a fotógrafos.
Claro al principio tenía mucha presión porque empecé a retratar a los grandes maestros de la fotografía española en sus espacios, con luz natural… Y pensaba: “madre mía, este fotógrafo también se va a dar cuenta de algo si no está bien compuesto o iluminado”, pero luego me di cuenta que nos fijamos en las mismas cosas que cualquier persona, saca un poco de tripa, me ha sacado no sé qué. Y que no se fijaban tanto en la foto. Entonces me empecé a relajar un poco.
El retrato es un encuentro, ellos me daban las gracias por hacer lo que yo estaba haciendo. No tenía casi dinero cuando estaba haciendo esto, gastaba todo el dinero que tenía en carretes, me regalaban carretes, iba en autobús a Barcelona porque no tenía dinero para el AVE. Ese esfuerzo que estaba haciendo solo por el gusto de estar con los fotógrafos, yo no sabía que luego me iba a abrir todas las puertas que me abrió. Solamente era porque quiero estar con los fotógrafos, y la fotografía era la excusa perfecta.
¿Cómo lograste llegar a esos nombres? Porque, claro, que un fotógrafo te dedique su tiempo para decir: “Sí, retrátame y en mi espacio personal…”
Mis proyectos siempre nacen de una pequeña historia que luego se va convirtiendo en una gran historia que yo agarro y no suelto. Empezó hace 20 o 21 años en un seminario de fotografía en Albarracín dirigido por Gervasio Sánchez y Sandra Balsells, allí conocí a dos fotógrafos: Eduardo Momeñe y Leopoldo Pomés, a quienes les enseñé mis autorretratos. Ambos me dijeron que les encantaría fotografiarme. Me hicieron fotos y les dije: “pues ahora os voy a hacer fotos yo a vosotros” y así nació el proyecto.
Leopoldo Pomés © Estela de Castro
Al principio, retrataba a mis amigos fotógrafos, donde estaban Pomés, Momeñe, Luis Baylón y Valentín Vallhonrat. Como ya los conocía, no tenía que convencerles, porque había una cierta confianza. Pero al ir al taller de Óscar Molina, me dijo que no podía quedarme solo con mis amigos, que Leopoldo Pomés me podía abrir las puertas de todos los fotógrafos catalanes. Y llamé a Pomés, que era una figura súper importante, y luego cuando llamaba a Colita, a Oriol Maspons o a Forcano y me decían: “Pomés, me ha dicho que te abra las puertas de mi casa y yo te abro las puertas de mi casa”, así hice el proyecto.
El primer viaje fue alucinante porque empecé con los clásicos, los más mayores. Eugeni Forcano llamó a Joan Colom y le dijo: “Tengo una amiga —y me guiña el ojo, porque no nos conocíamos de nada— le convence. Así, uno me fue llevando al otro. Cuando tenía como 40 retratos, el propio trabajo ya me respaldaba, no tenía que convencer a nadie, sino que la gente quería salir.
Respecto a Zoocosis, donde trabajas con los animales en cautiverio para evidenciar lo que viven, ¿cómo es tu interacción con ellos versus los humanos? Con una persona tienes el lenguaje, pero con los animales también hay un lenguaje corporal…
Energético.
¿Cómo es esa primera interacción con esos animales? ¿Es más de observación y esperar el momento o interactúas con ellos durante la sesión en el zoológico? Por otro lado, tus fotografías son preciosas pero a la vez desgarradoras.
Sí, una mezcla entre la belleza y la tristeza.
Leopardo © Estela de Castro
Tal cual, de hecho, siento un poco de culpa al encontrarlas bellas porque estoy encontrando bello el sufrimiento de un animal… ¿Cómo manejas, por un lado, esa empatía y sensibilidad para evidenciar esta situación sin destruirte emocionalmente?
Mira, eso, empiezo por lo último: en el proyecto de Zoocosis, lloré todos los viajes al zoo, la verdad lo pasé mal. A la vez que ayudaba a los refugiados y a tres barcos en el Mediterráneo, y sabía lo que pasaba, porque para ayudar tienes que enterarte de lo que está pasando. Fue mucho a la vez: las muertes, los animales, los países en conflicto, Palestina… Pero mi dolor frente al suyo es insignificante, no me puedo quejar. Luego la fotografía te sirve de filtro y te da una misión. Como recaudo dinero para ayudar con mis proyectos, el dolor se gestiona de otra manera. A mí el dolor es lo que me mueve. Primero, empecé a fotografiar el dolor que me producía la enfermedad de mi hermano, como que el dolor es lo que a mí me genera movimiento. Es una mierda ser así, porque tener empatía, sentir dolor y enterarte de lo que pasa en el mundo es mucho sufrimiento. Pero yo elegí no vivir en una pequeña burbuja.
En cuanto al zoo y a fotografiar animales, ahí hay mucha observación, por ejemplo, estuve dos años hasta que la leona estaba donde yo quería que estuviera. No puedo hablar con los animales. El trabajo se llama Zoocosis por el síndrome que desarrollan al estar encerrados. Por eso hay una parte de video que se ve cómo hacen esas conductas estereotipadas como el oso o el lobo que hace siempre el mismo movimiento, necesitaba meter vídeo para que se entendiera lo que es la Zoocosis. A veces, necesitas otros recursos, como la palabra que es súper importante en el proyecto de The Animals.
Ares © Estela de Castro
En cuanto a los animales salvajes que han pasado por un proceso traumático, ¿cómo abordas el retratarlos si ya desconfían del ser humano? ¿Trabajas con personal veterinario o cuidador?
Los retratos son sólo retratos bonitos si no les acompañas con un texto. Solo no se entiende, tú ves al animal rescatado y aprecias su belleza, la cual uso como estrategia para hablar de la violencia. No es que quiera hacer imágenes estéticas sin un discurso: detrás de esa belleza, que te la cuelo, hay un mensaje. Si te presento la violencia de forma directa te generaría rechazo y a lo mejor no escucharías el discurso.
A lo mejor genera más impacto un retrato de una niña que viene de una guerra y te cuenta su historia con su nombre que ver a esa niña muerta en una fotografía de guerra con violencia visual explícita. Hay diferentes estrategias y la mía es utilizar la belleza estética para colarte un mensaje súper duro que no dulcifico ni censuro. Y tú ves la foto de una cabra y al lado, te cuento que la han violado unos niños. Tanto en las exposiciones como en el libro decidí que no voy a censurar ni a dulcificar nada del mensaje. Nada, es lo que es y punto. Los animales mueren de esta manera.
Con los animales muy salvajes, como primates o grandes felinos, no estoy dentro con ellos. Con una iguana sí, porque no te va a matar, como mucho te da un coletazo. Pero con animales muy asustados o perros desechados por los cazadores voy con mucho cuidado y movimientos muy lentos: tienes que ir leyendo a cada animal.
Todos los animales que he retratado para The Animals han sido rescatados de algún tipo de violencia. Los salvajes están rescatados del circo, del zoo, del tráfico ilegal o del mascotismo —como primates que llevaban encerrados en una jaula en un salón—, o de la industria del cine y la publicidad cuando ya no sirven. En España se prohibieron los circos con animales, pero no hay santuarios ni reservas suficientes. Tampoco se les lleva a África porque han nacido en cautividad y no sobrevivirían.
Con los grandes felinos, el león, estoy a través de una valla del santuario donde viven. Entonces, meto la cámara dentro de la valla, trabajo con un 50 milímetros fijo, la distancia a la que estoy de los leones es real, pero no estoy dentro de donde está el león.
Con una leoparda, por ejemplo, había un cristal entre las dos pero no se ve el cristal en la foto. Pero no están domados, ni hay un domador, y la indicación era: ni les hables, ni les trates como a un perro, ni siquiera interactúes con ellos, queremos que sigan siendo lo más salvajes posibles.
Guille © Estela de Castro
Hay animales que viven con humanos que se ponen de moda que no deberían de vivir con humanos, o las aves, a las que encierran. Un loro que vivió 60 años encerrado en una jaula, es absurdo. Llevar a los niños al zoo no es enseñarles a amar a los animales, es enseñarles que el ser humano está por encima del resto de las especies. Yo no lo creo, creo que somos la especie inferior con mucha diferencia y que sobramos totalmente. La naturaleza es circular y nosotros somos lineales, no encajamos y estamos totalmente desconectados. Ellos están muy por encima de nosotros.
Es muy diferente hablar desde un activismo cuando ves que hay algo más detrás. ¿Cómo usas tu voz, tu creatividad y tu sensibilidad? No para minimizar tu propio dolor, sino para entender que el dolor de fuera es más fuerte y eso te mueve. El dolor mismo puede ser un motor.
También utilizo un montón la belleza en la fotografía, sí, soy súper estética y la uso aunque hable del dolor. Es súper lícita la belleza, pero para mí tiene mucho más sentido que haya algo más allá que solo fotos bonitas.
Aún así, también hago fotos bonitas sin nada más detrás. No todo es tan intenso, que también hay un momento de dispersión. No se puede vivir centrado todo el tiempo en el dolor, porque si no te destruyes. Las personas que nos dedicamos a rescatar animales sentimos que es algo infinito, hay tantos animales que necesitan ayuda que tienes la sensación de que no llegas nunca, es horrible, porque da igual lo que hagas, no llegas.
Para ti, ¿qué debería buscar un fotógrafo en un buen retrato y cómo se puede trabajar en ese proceso?
Hay que ser como un estratega. Para mí, hacer un retrato empieza por entender lo que es, quitando dramatismo, no hay que sacar el alma ni la personalidad de la gente, porque tenemos múltiples personalidades. Ya con mover la cámara unos centímetros más arriba o más abajo cambio tu forma de ser y te hago ver más vulnerable o empoderada. Al final, en un retrato veo mi forma de componer, iluminar, dirigir: yo no hago retratos robados, lo dirijo todo.
El retrato es un encuentro con alguien y lo mínimo es que ese encuentro sea agradable. Tienes que mostrar confianza cuando retratas, aunque no la tengas, lo disimulas. Y quitarme esa presión de hacer la foto perfecta a los tres disparos. A veces necesitas hacer cincuenta fotos reguleras para llegar a la buena, ir calentando, que es el proceso, no somos máquinas de hacer fotones.
Mi estrategia técnica es clara: voy a buscar primero la luz natural, después pongo mi cámara en el trípode para la composición, luego te coloco a ti y dirijo tu lenguaje corporal. Mi profesor me enseñó a mirar más que disparar, que mirar era gratis, pero disparar, no. Por eso trabajo mucho sentada, mirando y cuidando cada centímetro del encuadre. Si hay una botella, es porque yo quiero que esté la botella ahí, sino la quito antes de disparar, no luego con Photoshop. Como aprendí a trabajar en analógico, me divierto mucho más trabajando en la toma que luego en el ordenador. No suelo reencuadrar, sí que hago cosas si es que no lo puede hacer en el momento de la toma. Por ejemplo, en un retrato de familia con gatos —que son imposibles de manejar— y tengo que cambiar la cabeza al gato, la cambio, no pasa nada, pero intento que todo salga bien compuesto e iluminado desde la toma. Cada uno tiene que encontrar la estrategia que le funcione.
© Estela de Castro
ESTELA DE CASTRO (Madrid, 1978)
Fotógrafa y docente especializada en fotografía de retrato. Parte de su obra personal se encuentra fuertemente vinculada a la lucha por los derechos humanos y los derechos de los animales.
Se inicia realizando estudios de fotografía en la escuela Look de Madrid desde los 15 años. Posteriormente trabaja como ayudante de fotógrafo durante un año en los estudios Ciclorama (Madrid). En su desarrollo como autora se especializa a través de talleres y cursos con algunos de los fotógrafos nacionales más importantes como Javier Vallhonrat, Óscar Molina, Eduardo Momeñe, Valentín Vallhonrat, Manuel Outumuro o Sofía Moro.
En 2011 comienza el proyecto personal Fotógrafos en el que retrata a los grandes maestros y maestras de la Fotografía Española y con el que obtiene una de las Becas del Seminario de Fotografía y Periodismo de Albarracín en 2012. Este trabajo ha sido expuesto en la sección oficial de Photoespaña 2014 (sala Tabacalera de Madrid) con producción financiada por el Ministerio de Cultura y posteriormente en el CAF, Centro Andaluz de la Fotografía (Almería), el Festival Revela-t (Barcelona), el Festival Granada Eclipsa,en el Festival Art Photo BCN (Barcelona), en el Festival Pallantiaphoto (Palencia) y en el Galería Spectrum (Zaragoza).
Entre 2017 y 2019 desarrolla su proyecto Zoocosis, con el que retrata y denuncia el encierro que sufren los animales en el Zoo. Participa con ello en el proyecto Capital Animal, dirigido por Rafael Doctor, que se expone en Casa Encendida (Madrid), en el Centre del Carmen (Valencia), en el espacio Las Cigarreras (Alicante), en el Festival Revela-t (Barcelona) y en el espacio Est_Art (Madrid) en la Bienal de Córdoba y en el Banco de España de Tarragona, y en el festival FotoArica (Chile).
En 2017 crea y dirige PHES Fotografía Española Solidaria proyecto con carácter social que a través de la fotografía y una serie de acciones tiene como objetivo ayudar en la problemática de la crisis migratoria.
El proyecto logra recaudar suficientes fondos como para ser destinados tanto al trabajo de asistencia a personas que huyen de sus países como a la ayuda a animales atrapados dentro de la guerra en Siria. PHES ha logrado organizar ya dos ediciones de exposición y subasta que han tenido lugar en el Centro Universitario de Artes TAI de Madrid.
Con la experiencia de PHES en 2018 crea 33.293. Proyecto que da voz a más de 100 personas desplazadas de sus hogares de 17 nacionalidades diferentes utilizando la fotografía como herramienta. 33.293 se expone en el Festival Revela-t (Barcelona), Bienal Foto Úbeda (Jaén), en el CAF (Almería), en la Escuela de Artes Visuales Lens (Madrid) y en el espacio Banco Editorial (Coruña).
Desde el 2014 tiene también una dilatada carrera como docente siendo parte del equipo de formación de la Escuela de Fotografía Efti, la Escuela de Artes Visuales Lens y con el Centro Universitario de Artes TAI de Madrid. Además, lleva años impartiendo numerosos talleres de retrato a nivel nacional y siendo asidua en festivales de fotografía nacionales como ponente.
En 2019 recibe el encargo de realizar los Retratos Oficiales de SS.MM. los Reyes y la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía.
En 2020 participa junto a 42 fotógrafos y fotógrafas en el proyecto impulsado por Eduardo nave “Tiempo Detenido”con su proyecto “Resiliencia” co-editado por La Fábrica y Fundación ENAIRE.
En 2020 crea su proyecto “The Animals” con el que pretende concienciar sobre el maltrato animal. En el retrata animales rescatados de situaciones de abandono, caza, circo, zoo, laboratorios, atropellos, criaderos o tráfico ilegal.
En 2021 la serie documental “Detrás del Instante” emitida en TVE2, dedica un capítulo a su trayectoria como fotógrafa.
En 2021 recibe el segundo premio de la Fundación ENAIRE y su libro “Zoocosis” editado por Banco Editorial es seleccionado por PhotoEspaña.
En 2022 su proyecto “The Animals”, en el que retrata animales rescatados de diferentes tipos de explotación, es expuesto en PhotoEspaña y editado en formato libro por La Fábrica.
En 2023 el Ministerio de Cultura le concede el primer premio al Mejor Libro de Arte del Año con su libro The Animals, editado por la Fábrica. Participa en la sección oficial de PhotoEspaña en la exposición colectiva “Una Visión Propia” en el Museo Lázaro Galdiano. Recibe el primer premio del concurso “Amigos de los Animales” por el Ministerio de Asuntos Sociales y es finalista en el premio Pilar Citoler.
En 2024, expone su proyecto “Retratros de Familia” en el que retrata a familias multiespecie en La Térmica, Málaga. Además de publicar un fotolibro con este trabajo.También expone este trabajo en el Centro de Fotografía DKV en Zaragoza, en el festival Fotocanimar en Cuba, en la Residencia Oficial del Pueblo de México y en el Ministerio de Asuntos Sociales en Madrid. Recibe el segundo premio en el concurso por los Derechos de los Animales y contra la Violencia realizado por Movimiento Consciencia, en México. Expone sus proyectos Persona y Zoocosis en el Festival FotoArica en Chile y su proyecto “52.760” en el Festival Ver-Voir en Perú.
Como fotógrafa freelance ha colaborado durante años para revistas como Esquire, Forbes y Tapas en retrato editorial, además de realizar varias portadas de libros para el grupo Planeta. Su trabajo ha sido publicado en revistas nacionales e internacionales como El País Semanal, El Mundo, La Vanguardia, Babelia, Vanidad, FV, Getafe Capital, La Triuna, Universia, Global, Lecturas, Hola, ABC, La Razón, New Paper, Revista Carrete, Hablar en Arte, Revista Gráffica ó The Times.
Obras en la colección del Ministerio de Cultura, en el Centro de Arte Dos de Mayo CA2M, Fundación ENAIRE, Patrimonio Nacional, Asamblea de Madrid, COEM, Foto Colectania y en diversas colecciones privadas.

