Diarios del Pirineo - Carrete 1: 4Hundred

¿Merece la pena subir una cámara de mediados de los años 70, que pesa 1 kg, para fotografiar los Pirineos? Es una pregunta interesante, teniendo en cuenta que en mi equipaje llevo una cámara que perfectamente podría servir para grabar un documental para Netflix: la Nikon Z8. Bueno… Que he grabado un documental, vamos, pero como está en YouTube, supongo que será mejor llamarlo «vlog» para no sonar pedante.

En realidad, en ningún momento me planteé si merecía la pena o no. Esta era la idea central desde el principio: grabar y contar la historia de una semana de fotografía en solitario en la montaña. Y lo cierto es que ha sido una experiencia increíble, tanto a nivel personal como artístico.

En el primer episodio os cuento cómo atravesé toda la península ibérica, desde Cádiz hasta el norte de Huesca; la primera noche de acampada; y la fotografía del amanecer desde un valle en el corazón de la cordillera franco-hispana. En este pequeño artículo aprovecho para enseñaros con mayor profundidad el primero de los seis carretes que disparé durante aquella primera semana de junio. El carrete en cuestión es un 4Hundred, o, lo que es lo mismo, un Kodak Vision 250D sin capa remjet.

Las dos primeras fotos del carrete las disparé antes de llegar a la propia cordillera. Todavía faltaban 45 minutos para alcanzar el destino, pero, desde las colinas del Prepirineo, la vista era francamente sensacional. Habría merecido la pena esperar hasta la puesta de sol en aquel mirador, pero no podía permitirme llegar de noche al camping.

Aquí van algunas de las primeras fotos que no aparecen en el vídeo. Son tomas hechas sin demasiada preparación y sin trípode siquiera. No es que tuviera especial prisa, pero la prioridad era acostarme tan pronto como fuera posible para despertarme a las cinco de la mañana.

Si veis el vídeo, entenderéis por qué no pude detenerme demasiado para hacer estas fotografías. Tirando de intuición y del propio fotómetro de la Nikkormat FT2 para calcular el tiempo de exposición, hice las siguientes tomas. Me parece fascinante cómo el fotómetro de esta cámara sigue funcionando a la perfección. Bueno, a decir verdad, no funciona bien en exposiciones largas (con tiempos superiores a 1/2 s), pero demasiado me parece.

La Nikkormat FT2 es la cámara de la que os hablaba al principio. Es el equipo analógico que elegí para este viaje porque es aquel con el que cuento con un juego de objetivos más completo para hacer paisaje: un Nikkor 24 mm f/2,8, un Nikkor 50 mm f/2 y un Nikkor 105 mm f/2,5. En este carrete solo vais a ver fotografías tomadas con el 24 mm.

Aparte, llevaba también como equipo de respaldo una Nikon F65, porque no es la primera vez que una cámara me deja tirado in situ. Pero bueno, esta se quedaba en el coche; no la llevaba en la mochila.

Estas fotos pecan de tener exposiciones algo cortas, me temo. Mi prioridad estaba en el cielo y los picos que se observan al fondo, pero lo cierto es que no habría estado mal darles al menos un paso más de exposición. Todo esto era también producto de las prisas que llevaba…

Aquí os muestro una primera captura alternativa a la que considero que fue la mejor foto de aquel primer día (la segunda de este carrusel). Si no os interesa ver el vídeo completo, de verdad os recomiendo que veáis solamente este fragmento (por muy mal que me venga para el algoritmo), porque las imágenes son indescriptibles. Lo tenéis a partir del minuto 31:42.

Estas son las imágenes de una vista que contemplé en completa soledad la mañana del martes 2 de junio, a las 7:30 h.

Llegado este punto, sentí la necesidad de cambiar el encuadre. Sin embargo, ahora que tengo todas las imágenes sobre la mesa, acabo prefiriendo la perspectiva más elevada.

Fue justo entonces cuando una lengua de niebla comenzó a descender desde el fondo del valle.

Poco a poco, la niebla fue invadiendo el valle hasta acabar cubriéndolo todo.

Durante dos horas, la vista no alcanzó más allá de dos o tres metros. Hice un par de fotos de algunas de las flores que me rodeaban y dejé pasar el tiempo.

Finalmente, dos horas después, reanudé mi avance por el valle, aprovechando que las nubes comenzaban a levantarse. Aquí podéis encontrar varias capturas con distintas composiciones. Para todas ellas dejé ya el trípode, con el fin de moverme con mayor agilidad. A fin de cuentas, la luminosidad era alta y estaba disparando a velocidades superiores a 1/500 s.

Aunque me habría gustado visitar el ibón situado al final del valle, en una posición más elevada, no contaba con tiempo suficiente.

En el camino de vuelta, aproveché para fotografiar la abundante presencia de rosales, que habían pasado completamente desapercibidos durante la subida. Se trata de ejemplares de rosa silvestre (Rosa canina).

Las dos últimas tomas pertenecen a dos ubicaciones que encontré de regreso al camping y que me parecieron de lo más evocadoras.

Y bueno, hasta aquí este artículo. Ha sido un placer participar de forma activa en este blog, donde se han compartido trabajos de tanto nivel. Tengo muchas ganas de compartir la experiencia del resto de los días de este viaje, porque es ahí donde realmente creo que se encuentra buena parte del mejor material que he podido crear.

Un abrazo.

Parvec

Artista audiovisual andaluz, creador y divulgador sobre fotografía y cultura audiovisual en YouTube. En general, me interesa el conocimiento en todas sus formas y cómo distintas disciplinas pueden cruzarse para ampliar nuestra manera de observar y entender el mundo.

https://www.youtube.com/@parvec
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