Salir a fotografiar con una cámara de carretes y una digital al hombro ya no es una rareza. Hay mucho usuario digital que se siente más cómodo disparando peli sin renunciar a la tranquilidad que le dan los píxeles. Tiempo al tiempo… 😂
El problema llega al preparar la mochila: dos cuerpos, dos juegos de ópticas y una lista de accesorios que crece sin control. Y un cuello que pide a gritos un fisio.
Tiendas especializadas de fotografía como Equipatucamara, con un catálogo gigante que reúne cámaras de carrete, cámaras digitales y accesorios de fotografía de innumerables marcas, permiten resolver todo el problema de equipo en un mismo sitio.
Pero antes de comprar nada o pedir cita en el fisio, conviene repartir el trabajo entre cámaras.
Qué le toca a cada cámara
No lleves las dos cámaras colgadas del cuello. Cada una tiene su punto fuerte.
La analógica: la foto que se piensa
Si vienes del digital, seguramente te sientas mejor con la analógica en escenas pausadas: paisaje, arquitectura, retrato o calle a ritmo tranquilo. El número limitado de exposiciones obliga a mirar antes de disparar.
Lo más sencillo es equiparla con un objetivo angular o incluso normales, focales que cubren la mayoría de situaciones y que además te permiten trabajar con profundidades de campo mayores mientras usas grandes aperturas, cosa que agradecerás porque probablemente tu cámara te obligue a enfocar en manual.
La digital: movimiento, poca luz y distancia
Todo lo que penaliza a la película es terreno de la digital: un pájaro que levanta el vuelo, un partido, un concierto con luz escasa o el detalle de una fachada a cien metros. Aunque aquí en Disparafilm, siempre te recomendaremos al menos intentarlo con la analógica 😉.
Las cámaras digitales actuales enfocan con seguimiento, suben el ISO de forma disparatada sin apenas ruido y disparan ráfagas sin pagar ni un duro por foto... No se puede discutir, por ejemplo de noche ganan por goleada.
Por eso es la cámara que debe cargar con los teleobjetivos. Un 70-300 mm o un 100-400 mm en un cuerpo digital resuelve fácilmente géneros fotográficos complejos como la fauna o el deporte, situaciones en las que con película gastarías medio carrete para salvar una sola foto. Tu cuenta bancaria lo agradecerá 😂.
Con este reparto, la analógica va colgada en tu cuello y la digital asume las focales largas y el trabajo complejo.
Accesorios que comparten
No hace falta que lleves accesorios para cada una! Comparten muchos de ellos…
Trípode y rótula
Un solo trípode basta si los dos cuerpos llevan la misma zapata de liberación rápida: pasar de una cámara a otra lleva segundos y no hay que reajustar nada.
Filtros
Lo habitual es que las ópticas de cada sistema tengan diámetros de rosca distintos. En lugar de comprar cada filtro dos veces, cómpralos para el diámetro mayor y usa anillos escalonados para montarlos en los objetivos más pequeños.
Un polarizador y un filtro de densidad neutra cubren casi todo; si disparas blanco y negro en película, añade un amarillo o un naranja para aumentar el contraste en algunas escenas (en el Club Analógico te hablamos de ello). En digital no son tan útiles, puedes simularlos en tu software. Es menos emocionante, pero eso que te ahorras 😉.
Disparadores
Aquí no hay pieza común. La mayoría de cámaras analógicas usan un cable disparador mecánico que se enrosca en el botón, y las digitales, un disparador remoto electrónico, con cable o inalámbrico, excepto algunas Fujifilm! Bendita marca que sigue intentando mantener la esencia en sus cámaras para que no parezcan ordenadores 🙏🏻.
Kit de limpieza
Una pera de aire, un paño de microfibra y un lápiz limpiador sirven igual para las dos.
En la analógica, el polvo en la ventanilla o en la placa de presión deja pelos y motas en los negativos, y la arenilla puede rayar la película; en la digital, se posa en el sensor y deja manchas en cada foto con el diafragma cerrado.
Revisar ambos cuerpos antes y al final de cada jornada ahorra disgustos y horas de retoque.
Lo que solo necesita una de las dos
Para la analógica, una caja o bolsa para los carretes. Si viajas en avión, hoy en día es imprescindible una bolsa de plomo para muchos escáneres. Aunque si ves uno de los más modernos que parecen salidos de Star Treck, pide revisión manual porque si no el escáner te los freirá.
Si tu cámara necesita pilas, lleva una de repuesto.
Para la digital, baterías de repuesto y cargador si vas de viaje. Con una tarjeta de memoria con mucha capacidad, vas en barco.
Un ejemplo de equipo para un viaje
Para una escapada de varios días en la que quieres llevar un poco de todo, un reparto equilibrado podría ser este: la analógica con un 35 mm o un 50 mm y cuatro o cinco carretes distintos; la digital con un zoom estándar (o un fijo angular o estándar si los prefieres) y un teleobjetivo; un trípode de viaje con zapata común; algunos filtros sus anillos escalonados, baterías y disparadores.
Todo cabe en una mochila mediana sin que te falte absolutamente nada para ninguna situación.
Cómo organizar la mochila
Una mochila con separadores ajustables permite dar a cada cámara su hueco con el objetivo montado y lista para disparar.
La analógica, que usarás en los momentos tranquilos, puede ir en la parte superior o directamente colgada de tu cuello.
La digital que sacarás en momentos especiales, en el compartimento principal.
Los carretes, en un bolsillo exterior para cambiarlos sin tener que abrir toda la mochila.
Con este reparto, la mochila pesa menos de lo que parece y las dos cámaras dejan de competir: cada una se queda con las fotos que mejor resuelve y tú, feliz de la vida.
Espero que te guste este artículo y te sirva para tu primera andanza analogo-digital!

