El camino del fotógrafo

Muchos maestros cuchilleros de Japón pasan toda su vida perfeccionando su arte. Día tras día forjan, afilan y refinan su técnica, conscientes de que siempre hay algo más por aprender.

Muchos de ellos encarnan el espíritu del shokunin (職人), un concepto que suele traducirse como “artesano” pero que va mucho más allá del dominio de un oficio. Habla de la responsabilidad de mejorar constantemente, de dedicar una vida al trabajo bien hecho y de comprender que la perfección no es una meta que se alcanza, sino una dirección hacia la que se avanza.

Con los años, he descubierto que mi forma de entender la fotografía se parece mucho a esa filosofía.

La fotografía perfecta no es el fin, sino el camino. Es la búsqueda constante por aprender un poco más, por acercarse un poco más a esa imagen que, quizá, nunca terminemos de alcanzar.

Al comienzo, todo parece estar frente a nosotros. Aprendemos la técnica: la exposición, el diafragma, la velocidad de obturación o qué película utilizar. Más adelante descubrimos el revelado, la ampliación, las copias y la experiencia de exponer nuestro trabajo.

Pero con el tiempo cada fotografía responde una pregunta y al mismo tiempo, plantea muchas más. Conoces fotógrafos extraordinarios que recorren tu mismo camino y comprendes que aún queda muchísimo por aprender. La técnica deja de ser el destino y pasa a convertirse en una herramienta para seguir explorando.

En la foto analógica ese sentimiento se vuelve aún más evidente. Basta cambiar de película, de revelador o de cámara para que todo sea distinto. Los lugares que tantas veces fotografiaste ya no se ven igual. Las personas reaccionan de otra manera. Descubres detalles que hace cinco años pasaste por alto en un retrato. La fotografía cambió, porque cambiaste tú.

Un maestro cuchillero lleva tantos años perfeccionando su oficio que sus avances ya no son enormes. Son pequeños detalles, casi imperceptibles, que probablemente solo él sea capaz de notar.

Creo que la fotografía funciona de la misma manera.

Llega un momento en que ya no se trata de aprender una nueva regla de composición, sino de reconocer cómo cambia la luz unos segundos antes de que ocurra, de esperar con paciencia el instante preciso en lugar de disparar en ráfaga, o incluso de entender cuándo no hacer una fotografía y solo vivir el momento.

Un maestro cuchillero no busca fabricar un cuchillo completamente distinto cada día. Busca que el siguiente sea apenas un poco mejor que el anterior.

Quizá la fotografía funcione igual. No se trata de crear una imagen perfecta, sino de que la próxima refleje un poco más de todo lo que has aprendido.

Con el tiempo tendrás un ojo más entrenado, compondrás mejor. Sabrás dirigir a una persona frente a la cámara o anticipar un instante que nadie más vio. Quizás ganes premios o expongas en una galería. Y aun así comprenderás que el camino continúa, que todavía queda mucho por crear, por descubrir y por aprender.

La fotografía que busco todavía no está revelada. Tal vez nunca lo esté. Y quizá esa sea la mejor parte de este oficio.

Camilo Durán

Fotógrafo apasionado por la fotografía analógica, también genero reels con #historiasanalogicas en mi Instagram, desde Chile al mundo mostrando mi pasión.

https://www.duranvisual.com
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