Cómo fotografiar el eclipse solar del 12 de agosto en analógico

Foto analógica del eclipse del 3 de noviembre de 1994 - Joanma Bullon (AstroAras)

El 12 de agosto de 2026 está marcado en el calendario como uno de los días más importantes para la mayor parte de la comunidad astronómica de España. La sombra de la Luna recorrerá parte de la Península Ibérica y ofrecerá un eclipse solar total visible desde una estrecha franja que atravesará el norte del país, mientras que el resto del territorio disfrutará de un eclipse parcial de gran magnitud. Más allá del interés científico del fenómeno, será una oportunidad extraordinaria para miles de fotógrafo y fotógrafas.

Para los que trabajamos con fotografía analógica, el planteamiento es muy distinto al de alguien de la digital. Sabemos el reto que plantea un fenómeno así. Cada exposición es definitiva y el margen para improvisar prácticamente desaparece. Esa aparente limitación es, al mismo tiempo, uno de los mayores atractivos de la fotografía química. Por ello, algo que nos gusta recalcar es que la fotografía del eclipse no comienza el día 12, empieza antes.

El gran momento en el que el Sol queda opacado por la Luna apenas dura unos minutos y varía según la posición exacta del observador. En algunos puntos de España, ese intervalo será inferior a un minuto y medio, mientras que en otros podrá acercarse a los dos minutos.

Durante esos segundos puedes querer cambiar la exposición, realizar diferentes encuadres, utilizar dos cámaras distintas o documentar también el paisaje. Todo ello sin posibilidad de repetir la escena. Por ese motivo, uno de los consejos que os podemos dar es que el día del eclipse no es el momento de tomar decisiones. Todas ellas deben estar resueltas con anterioridad, evitando o reduciendo el margen a la improvisación.

Las guías de la NASA elaboradas durante décadas por el gran astrofísico y fotógrafo Fred Espenak, insisten en la necesidad de realizar pruebas con el mismo equipo antes del evento. La recomendación no responde únicamente a una cuestión de exposición, sino a eliminar cualquier imprevisto cuando el eclipse ya está sucediendo.

Medidas de seguridad previas

Antes de entrar en el equipo fotográfico, conviene detenerse en la observación segura del Sol.

Nunca debe observarse el Sol directamente a través del visor óptico de una cámara réflex, un telescopio o unos prismáticos sin un filtro solar específicamente diseñado para ese uso y colocado delante del objetivo. Tampoco deben utilizarse filtros fotográficos de densidad neutra, cristales ahumados, radiografías, discos compactos, gafas de sol ni ningún otro método casero que no esté homologado. Todos estos materiales no bloquean adecuadamente la radiación infrarroja y ultravioleta, lo que puede provocar daños oculares permanentes.

Esta recomendación no es una cuestión de prudencia general, sino un consenso mantenido desde hace décadas por instituciones como la ESA o la NASA.

¿Qué filtro debemos utilizar?

Entre los diferentes filtros, uno de los que recomendamos es el Baader AstroSolar Safety Film OD 5.0, una lámina desarrollada específicamente para observación solar y utilizada desde hace años tanto por aficionados como por observatorios y asociaciones astronómicas de todo el mundo.

A diferencia de un filtro fotográfico convencional, su función no consiste en modificar el aspecto de la imagen, sino en reducir la intensidad de la radiación solar hasta niveles seguros, manteniendo al mismo tiempo una elevada calidad óptica. La lámina se instala siempre delante del objetivo, nunca detrás de él, y debe quedar perfectamente fijada para evitar desplazamientos accidentales provocados por el viento o por una manipulación involuntaria.

Además, para una visión directa del eclipse siempre serán necesarias unas gafas con la misma función que el filtro anteriormente mencionado. En este caso, usaremos las gafas para Eclipse Solar Baader Planetarium AstroSolar.

Un detalle a tener en cuenta: la altura del Sol

Existe otro factor que condicionará enormemente la fotografía del eclipse del 12 de agosto de 2026 y que rara vez aparece mencionado en las guías generales.

A diferencia de otros eclipses observados con el Sol muy alto sobre el horizonte, este tendrá lugar a última hora de la tarde para buena parte de España. Eso significa que el Sol se encontrará relativamente bajo cuando alcance la totalidad o su máxima magnitud, dependiendo de la ubicación.

Esta circunstancia tiene varias consecuencias. Por un lado, el paisaje adquiere un protagonismo mucho mayor y ofrece posibilidades compositivas muy interesantes. Es posible integrar edificios, montañas o elementos del entorno dentro de la imagen sin necesidad de recurrir a montajes o dobles exposiciones.

Pero existe también una consecuencia téccnica menos evidente: cuanto más bajo se encuentra el Sol, mayor cantidad de atmósfera debe atravesar su luz antes de llegar a nuestra cámara. Ese aumento del recorrido atmosférico puede traducirse en una mayor presencia de turbulencias, calima o pérdida de contraste, especialmente durante los meses de verano.

Por ese motivo, elegir la ubicación desde dónde disparar será casi tan importante como escoger la película o el objetivo.

El equipo: cómo prepararlo para llegar al eclipse sin improvisar

Algo que queremos recalcar es que no existe un conjunto de cámara y objetivo "perfecto" para fotografiar un eclipse. Lo que sí existen son configuraciones más adecuadas para el tipo de fotografía que queremos realizar.

Antes de decidir qué llevar, conviene hacerse una pregunta muy sencilla: ¿quiero fotografiar únicamente el Sol o quiero contar también la historia de ese día?

Cualquier cámara mecánica (nuestra recomendación) o electrónica de 35mm o de 120 que permita trabajar manualmente puede ofrecer los mejores resultados. Nikon F2, Nikon FM2, Canon AE-1, Pentax K, Olympus OM-1, Pentax 67, Hasselblad 500 CM, Mamiya RB67 o una Bronica SQ son solo algunos ejemplos de equipos que históricamente se han utilizados para la fotografía astronómica.

Lo importante es que la cámara sea fiable y conocida.

¿35mm o 120?

Es una pregunta que recibimos con frecuencia en nuestra tienda.

El negativo de 35mm ofrece una ventaja muy importante: permite utilizar teleobjetivos relativamente contenidos para obtener un tamaño considerable del Sol dentro del fotograma. Un 400mm o un 500mm producen imágenes muy equilibradas y, además, el equipo suele ser mucho más ligero y manejable.

El 120 aporta un negativo mayor, con una capacidad de detalle increíble (pregúntenle a Nolan) cuando se realiza un buen escaneado o una ampliación. Sin embargo, ese aumento del tamaño del negativo implica también que el Sol ocupe una proporción menor del encuadre con la misma focal.

Esto significa que una Hasselblad 500 C/M equipada con un objetivo de 250mm no ofrecerá una representación del disco solar comparable a la de una Nikon FM2 con un el mismo 250mm. Para conseguir un tamaño similar, será necesario recurrir a focales mucho más largas.

Por ese motivo, muchos fotógrafos utilizan el formato medio para integrar el eclipse dentro del paisaje y reservan el 35mm para las imágenes de aproximación.

La focal cambia completamente la fotografía

Uno de los errores más habituales consiste en pensar que cualquier teleobjetivo servirá para obtener una imagen similar a las que vemos publicadas, y no es así.

Con una lente de 135mm ya es posible distinguir con claridad la silueta del eclipse, aunque todavía ocupará una pequeña parte del fotograma.

A partir de 200mm el resultado empieza a ser interesante para fotografía analógica, mientras que las focales entre 400 y 500mm son tradicionalmente las más utilizadas para la astrofotografía de detalle. No es una cifra arbitraria; responde al equilibrio entre aumento, facilidad de seguimiento y calidad óptica que numerosos fotógrafos especializados han empleado durante décadas.

¿Y si no tengo un gran teleobjetivo?

La buena noticia es que existe una alternativa perfectamente válida para muchos: el duplicador.

Su funcionamiento es sencillo. Se instala entre el cuerpo y el objetivo, multiplicando la distancia focal. Un duplicador 2× convierte un 200mm en un 400mm o un 300mm en un 600mm.

Como cualquier elemento óptico adicional, tiene inconvenientes. Reduce la luminosidad —por lo general, dos pasos— y se suelen usar objetivos de buena calidad para ofrecer todo su potencial. Pero en fotografía solar, esa pérdida de luz rara vez supone un problema importante. Incluso tras atravesar el filtro solar seguimos trabajando con una fuente extremadamente brillante, de modo que la reducción de luminosidad suele compensarse ajustando la velocidad.

Desde un punto de vista económico, también representa una solución muy interesante. Para muchos aficionados resulta mucho más razonable adquirir un buen duplicador que invertir en un teleobjetivo de 500mm que quizá solo utilizarán de forma muy ocasional.

Trípode y disparador: dos accesorios imprescindibles

Fotos analógicas del eclipse de 1999 tomadas en Hungría - Joanma Bullon (AstroAras)

Si el teleobjetivo aumenta la imagen, también aumenta cualquier pequeña vibración.

Una vibración prácticamente imperceptible al fotografiar con un 50mm puede arruinar completamente una imagen realizada con un teleobjetivo.

Lo más recomendable es utilizar un trípode robusto, capaz de soportar el peso del equipo. Nuestra recomendación es extender lo mínimo posible la columna central y comprobar que todas las rótulas permanecen perfectamente bloqueadas antes de comenzar la sesión.

Siempre que sea posible, merece la pena disparar mediante un cable disparador. En las cámaras que disponen de bloqueo de espejo (Mirror Lock-Up), como determinadas Hasselblad, Pentax 67, Nikon F2/F3... con accesorios específicos, ayuda a minimizar las vibraciones producidas por el movimiento del espejo en exposiciones críticas.

Son pequeños detalles que, cuando trabajamos cerca de los límites ópticos del equipo, terminan marcando la diferencia.

Si dispones de dos cuerpos, llévalos

Dos cámaras mejor que una. No porque una pueda averiarse —aunque siempre es una posibilidad—, sino porque evitarás tener que cambiar de objetivo o de película durante el fenómeno.

Una combinación puede ser un cuerpo equipado con un teleobjetivo largo y reservar un segundo cuerpo para fotografiar el ambiente, el paisaje, la luz, las personas...

Con frecuencia, son precisamente esas fotografáas las que terminan teniendo un mayor valor documental. El eclipse desaparecerá en cuestión de minutos, pero el recuerdo de cómo se vivió ese momento permanecerá también en quienes levantaron la vista hacia el cielo. Así que no tengas miedo a experimentar si dispones de más de una cámara.

La película: elegir el carrete adecuado

No existe una película "oficial" para fotografiar un eclipse. De hecho, si revisamos el trabajo de fotógrafos especializados, durante las últimas décadas encontraremos resultados excelentes obtenidos con emulsiones muy distintas entre sí. La razón es sencilla: el éxito de una fotografía de eclipse depende mucho más de la preparación y de una exposición correcta que del nombre impreso en la caja del carrete.

Aun así, cada tipo de película aporta un lenguaje visual diferente y conviene conocerlo antes de tomar una decisión.

¿Color o blanco y negro?

Esta es probablemente la pregunta más habitual. La respuesta no depende tanto de criterios técnicos como de la intención de la fotografía.

Si el objetivo es representar con la mayor fidelidad posible el aspecto del eclipse, la película en color puede ser la opción más lógica.

La corona solar presenta diferencias de intensidad y en ocasiones ligeras variaciones cromáticas. Además, el paisaje experimenta una transformación durante las diferentes fases del eclipse: la temperatura de color cambia, las sombras adquieren un aspecto inusual y el ambiente puede adquirir una tonalidad fría o metálica. Aunque estas variaciones son sutiles, forman parte de la experiencia visual del eclipse.

Hacer fotos del entorno, del público, del paisaje... A color, ayuda a transmitir con mayor naturalidad la transición entre la luz habitual de una tarde de agosto y la iluminación extraordinaria que produce la ocultación progresiva del Sol.

No significa que el color sea "mejor", sino que ofrece un registro más descriptivo del acontecimiento.

Trabajar en blanco y negro supone renunciar deliberadamente a la información cromática para centrar toda la atención en la forma, el contraste y la textura. Lejos de ser una limitación, esta elección puede producir imágenes de enorme fuerza visual.

La corona solar está formada por estructuras extremadamente complejas cuya luminosidad disminuye rápidamente a medida que nos alejamos del centro. En una buena emulsión de blanco y negro, estas transiciones tonales pueden tener una presencia increíble, especialmente cuando el negativo se revela y se positiva. También desaparece cualquier distracción provocada por el color del cielo, permitiendo que la geometría del eclipse resalte en la composición.

No es casualidad que muchas de las fotografías históricas de eclipses realizadas durante buena parte del siglo XX sean en blanco y negro. En aquella época, no solo era una cuestión tecnológica; también respondía a una búsqueda estética muy concreta. Sin embargo, conviene tener presente que el blanco y negro no reproduce la experiencia visual real del eclipse. La interpreta.

¿Negativo o diapositiva?

Una vez decidido si trabajaremos en color o en blanco y negro, aparece una segunda elección igualmente importante.

Durante décadas, buena parte de la fotografía astronómica profesional utilizó película diapositiva. La razón era sencilla: ofrecía una reproducción cromática muy precisa y permitía proyectar las imágenes directamente sin necesidad de realizar copias intermedias.

Sin embargo, esa precisión tenía un precio. Las películas positivas tienen una latitud de exposición menor que la mayoría de negativos. Esto significa que pequeños errores de exposición pueden traducirse rápidamente en pérdida de detalle en las altas luces o en las sombras.

En un eclipse, donde la luminosidad cambia radicalmente entre las fases parciales y la totalidad, esa menor tolerancia obliga a trabajar con un método muy cuidadoso y, preferiblemente, después de haber realizado pruebas previas con el mismo equipo.

A cambio, la recompensa puede ser extraordinaria. Una diapositiva correctamente expuesta ofrece una nitidez aparente muy elevada, colores intensos y una sensació de transparencia que continúa siendo difícil de igualar.

¿Qué sensibilidad ISO resulta más adecuada?

No existe una norma universal que establezca un único ISO correcto. La sensibilidad más conveniente depende simultáneamente del objetivo, del filtro solar utilizado, del tipo de fotografía que pretendemos realizar, del método de exposición y, por supuesto, de la película disponible.

Dicho esto, sí existe un cierto consenso histórico. Las guías elaboradas por Fred Espenak para la NASA y numerosos fotógrafos especializados han trabajado tradicionalmente con sensibilidades comprendidas entre ISO 50 e ISO 200, ya que ofrecen un equilibrio muy favorable entre resolución, grano y tiempos de exposición.

Las películas de ISO alta rara vez aportan ventajas reales en fotografía solar. El Sol es una fuente de luz muy intensa incluso después de atravesar un filtro, por lo que normalmente no es necesario recurrir a sensibilidades elevadas.

Además, una emulsión más lenta suele proporcionar un grano más fino y una mayor capacidad para registrar más detalles.

Nuestros carretes favoritos

Aunque cualquier película bien expuesta puede producir muy buenos resultados, algunas emulsiones tienen características especialmente adecuadas para este tipo de trabajo.

En negativo a color, películas como Kodak Ektar 100 destacan por su alta resolución, su grano extremadamente fino y una reproducción cromática muy limpia, cualidades interesantes cuando el objetivo es obtener un escaneado de alta calidad.

El Kodak Portra 160 constituye otra alternativa muy sólida gracias a su enorme latitud de exposición y a una reproducción tonal muy natural, especialmente útil si además del Sol queremos fotografiar el paisaje y el ambiente que rodea al eclipse. Por otro lado, el Kodak Portra 400 disparado a ISO 200 es una alternativa ideal.

En blanco y negro, el Ilford FP4 125 o el Kodak T-MAX 100 ofrecen una combinación excelente de nitidez, grano fino y capacidad para registrar transiciones tonales suaves, aspectos esenciales cuando la imagen final se amplía o se digitaliza con un escáner de alta resolución.

No hay que interpretar esta selección como una clasificación de las "mejores" películas para eclipses. Son simplemente emulsiones con características que históricamente han demostrado adaptarse muy bien a este tipo de fotografía y que continúan estando disponibles para muchos fotógrafos.

La mejor película sigue siendo la que conoces

Después de hablar de emulsiones, sensibilidades y formatos, merece la pena terminar este capítulo recordando una idea que atraviesa toda la guía.

El eclipse del 12 de agosto de 2026 no es el mejor momento para estrenar una película desconocida.

Si llevas años fotografiando con FP4 probablemente conozcas cómo responde su latitud, cómo tolera pequeñas sobreexposiciones y qué revelado prefieres aplicar. Si tu flujo habitual gira alrededor de Portra 160 o Ektar 100, ya sabes cómo interpretan la luz y cómo responden durante el escaneado.

Ese conocimiento vale mucho más que perseguir una emulsión supuestamente perfecta.

¿Existe una velocidad perfecta?

"¿Qué velocidad tengo que utilizar?" La respuesta puede resultar frustrante para quien espera una tabla sencilla, pero es probablemente el consejo más importante de toda esta guía: No existe una única exposición correcta para fotografiar un eclipse solar.

No porque los fotógrafos discrepen entre sí, sino porque el propio Sol hace imposible que exista.

Durante las fases parciales, la situación es relativamente sencilla. La superficie visible del Sol mantiene prácticamente el mismo brillo durante todo el eclipse. Mientras permanezca colocado un filtro solar certificado delante del objetivo, la exposición apenas cambia. De hecho, Fred Espenak señala que “la luminosidad del Sol permanece constante durante las fases parciales, siendo únicamente el fino creciente final el que puede requerir una ligera compensación debido al oscurecimiento natural del limbo solar (limb darkening).”

La situación cambia completamente cuando comienza la totalidad. En ese instante desaparece la esfera, que hasta entonces era millones de veces más brillante que la corona, y pasa a ser visible una estructura extremadamente compleja cuya luminosidad disminuye rápidamente conforme aumenta la distancia al borde del Sol.

La corona interior puede ser cientos de veces más luminosa que la corona exterior. Eso significa que ninguna película, por excelente que sea, puede registrar toda esa información en un único fotograma. No es una limitación de la película. Tampoco de la cámara. Es una limitación física de la escena.

Por eso, las mejores fotografías de eclipse casi nunca proceden de una única exposición, sino de una secuencia cuidadosamente planificada.

El mejor fotómetro “se fabrica” semanas antes

Sorprendentemente, la NASA no recomienda empezar calculando velocidades de obturación siguiendo las tablas que podemos encontrar en internet.

Recomienda algo mucho más sencillo: fotografiar el Sol antes del eclipse. Puede parecer una pérdida de tiempo gastar un carrete, pero probablemente sea la inversión más rentable de toda la preparación.

El procedimiento propuesto por Fred Espenak consiste en montar exactamente el mismo equipo que se utilizará durante el eclipse: la misma cámara, el mismo objetivo, el mismo filtro solar, la misma película y, si es posible, incluso el mismo revelado.

Después, propone fotografiar el Sol del mediodía manteniendo un diafragma fijo —entre f/ 8 y f/16— mientras se recorren sistemáticamente distintas velocidades de obturación, desde aproximadamente 1/1000 s hasta 1/4 s. Una vez revelado el carrete, hay que identificar cuáles son las exposiciones que mejor reproducen el disco solar para utilizarlas durante las fases parciales del eclipse.

No obstante, otro consejo valiosísimo que podemos dar si no puedes hacer lo ya citado es utilizar una cámara digital para medir la luz. Nunca la exposición será igual y debes tener bien claro cuantos pasos de diferencia existe entre un equipo y otro para compensar la luz.

No cambies el diafragma constantemente

Existe otra recomendación que aparece repetidamente en la documentación técnica sobre fotografía de eclipses y que merece la pena seguir.

Durante la totalidad, resulta mucho más práctico mantener un único diafragma y variar únicamente la velocidad de obturación. Cambiar el diafragma obliga a apartar la vista del visor, aumenta la probabilidad de cometer errores y dificulta seguir una secuencia ordenada. En cambio, modificar únicamente la velocidad permite trabajar de una manera mucho más rápida y predecible.

El movimiento del Sol forma parte de la exposición

Cuando pensamos en una fotografía, solemos asociar el tiempo de exposición únicamente con la cantidad de luz. En un eclipse interviene un segundo factor. El Sol continúa desplazándose sobre el cielo debido a la rotación terrestre a un ritmo aproximado de 15 grados por hora, es decir, unos 15 segundos de arco por segundo. Ese movimiento normalmente pasa desapercibido, pero empieza a ser relevante cuando utilizamos focales largas y exposiciones relativamente prolongadas.

En la práctica, esto significa que una exposición demasiado larga no solo aumenta el riesgo de trepidación del trípode o de vibraciones producidas por el espejo de la cámara. También puede registrar el propio desplazamiento aparente del Sol.

El revelado también forma parte del proceso

El revelado y escaneado o positivado son la última fase del proceso fotográfico. Un negativo bien expuesto merece un revelado consistente y un escaneado hecho respetando toda la información contenida en la emulsión.

Especialmente en un eclipse, donde las diferencias de luminosidad son tan difíciles, un escaneado de alta calidad permitirá extraer todo el detalle registrado por la película sin forzar artificialmente el contraste ni alterar el aspecto natural de la escena.

No conviene olvidar que el negativo es el original. Todo el trabajo posterior debería orientarse a interpretarlo con fidelidad.


Comparte tu fotografía

Un apartado fundamental para muchos fotógrafos es publicar su fotografía. Ni más que decir en un fenómeno tan sorprendente. Si consigues capturar el eclipse, quizá quieras dar un paso más y presentarla a concurso. Una propuesta que te damos, ya que somos patrocinadores junto a Muy Interesante, es el III Concurso de astrofotografía AstroCiutat, organizado por la Ciutat de les Arts i les Ciències de València y dedicado este año exclusivamente a los eclipses solares.

Las fotografías podrán presentarse del 13 de agosto al 13 de septiembre de 2026 en dos categorías: «Eclipse de Sol del 12 de agosto de 2026» y «Otros eclipses de Sol». Las imágenes ganadoras formarán parte de una exposición en el Museu de les Ciències y optarán a distintos premios en material de astrofotografía y fotografía, además de varias experiencias relacionadas con la divulgación astronómica.

Puedes consultar las bases completas y toda la información del certamen en www.cac.es/astrociutat.

Una última reflexión

Es inevitable pensar que el objetivo de todos estos consejos es obtener la fotografía perfecta. Sin embargo, la mejor conclusión debe ser otra.

Las fotografías del eclipse serán importantes porque documentarán un fenómeno astronómico extraordinario. Pero con el paso de los años, también tendrán otro valor: el de convertirse en un testimonio de un momento irrepetible.

En una época dominada por millones de imágenes digitales que se generan y se olvidan con enorme rapidez, cargar un carrete, preparar cuidadosamente cada exposición y esperar al revelado para descubrir el resultado devuelve a la fotografía parte de su significado original.

El 12 de agosto de 2026 será recordado por razones astronómicas. Para muchos fotógrafos analógicos, también será el día en que un pequeño fragmento de plata o de colorante atrapó uno de los espectáculos más increíbles que puede ofrecer el cielo.

María José González (González Foto Astro)

Foto Astro González, antes conocida como Cinefoto González, es una empresa familiar fundada en 1951, cuando D. José González Garrido abrió su primera tienda de fotografía en el centro de Valencia (C/ General Sanmartín nº 23) que actualmente está dirigida por la tercera generación familiar.

Desde sus comienzos, la filosofía de la empresa ha sido muy clara y constante, basada en ofrecer a sus clientes la mejor solución a sus necesidades, desde un punto de vista profesional, ofreciendo una gran variedad de productos, siempre de alta calidad y a unos precios competitivos.

https://www.instagram.com/gonzalezfotoastro/
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