Aspecto de la cámara fotográfica, un factor psicológico
Analógicas o digitales. Gran formato, formato medio o 35mm. Réflex, sin espejo, telemétricas o compactas. Profesionales o bolsilleras. Cámaras fotográficas propiamente dichas o teléfonos móviles. Podemos elegir entre cada una de ellas por sus características técnicas, en función de la situación o uso que le queramos dar. Pero también, cada una de ellas, por su diseño o aspecto, puede influir en nuestra intrínseca motivación para hacer fotografía.
Yo no soy de esos fotógrafos que andan siempre con una cámara encima. Mis cámaras, las analógicas, las que uso para mis proyectos, no me acompañan siempre a dondequiera que vaya. Solo si voy a un lugar específico con el objetivo de tomar fotografías, elijo una de ellas, la que mejor se adapte a lo que necesite para esa ocasión.
Cuando salgo de vacaciones, suelo llevar también una cámara digital compacta para las fotos turísticas. No la uso mucho, soy más de los que dejan que otros tomen las fotos (y, de paso, salir en ellas, que tampoco soy muy de selfis).
Actualmente, para esta función, la cámara compacta fue desplazada por el teléfono móvil. Pero este cambio tuvo en mí un impacto negativo. Me cuesta mucho sacar el celular para tomar una fotografía. Quizá porque seguramente otra persona del grupo haya sacado la foto antes (y luego yo le pida que me la comparta), quizá porque alguien más tenga un teléfono con mejor cámara que el mío, o quizá simplemente porque todo el mundo saca tantas fotos, que yo no siento la necesidad de contribuir a tanta abundancia de imágenes.
Pero una persona que me conoce muy bien me hizo un regalo que lo cambió todo. Una cámara digital que jamás me hubiera tentado tenerla, pero fue mi favorita en mi último viaje. Se trata de la CHUZHAO, una cámara digital, diseñada como una Rolleiflex miniatura, que toma fotografías en formato cuadrado.
No es plana como un teléfono, ni siquiera como una cámara compacta bolsillera. Pero su tamaño es lo suficientemente pequeño que me permite llevarla a todos lados en mi riñonera, o incluso colgada al cuello. Y, lo más importante, la experiencia de uso me ha motivado a realizar otro tipo de fotografías. Turísticas, familiares o documentales, sí, pero mis fotos turísticas, mis fotos familiares y mis fotos documentales.
Pero ¿por qué disfruto de sacar fotos con esta cámara, más que con cualquier otra digital? Porque su aspecto exterior, la disposición de los controles y el formato de imagen cuadrado que se obtiene, me incentivan a usarla como una cámara analógica, tomándome el tiempo necesario para buscar una buena composición, encuadrando la foto en su visor de cintura (aunque en este caso, la imagen no aparezca invertida), eligiendo el momento preciso para presionar el disparador, pero sin la limitación de doce fotos por rollo.
No importa si la calidad no es la mejor, que no son fotos para exponer (¿por qué no podrían serlo?). No importa si no quedaran bien ni para Instagram, que lo que importa es disfrutar sacando fotos en momentos y lugares que antes no me hubieran motivado a hacerlo.
De todos modos, la calidad de las fotos obtenidas, aunque no es gran cosa, realmente me sorprendió. Las imágenes de 12MP (3.456 x 3.456) tienen aceptable resolución, y los colores saturados les dan a las fotos un aspecto particular, sobre todo con buena iluminación. Aunque los blancos tiendan a quemarse un poco, como si fuera diapositiva.
En fin, les dejo una selección de fotos que, aunque perfectamente se podrían haber hecho con un teléfono móvil, jamás hubieran existido si no hubiese llevado conmigo mi CHUZHAO.

